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Para llevar a cabo la prueba contaba con la ayuda e inestimable cooperación de Emilio de Villota jr, piloto, ingeniero y patrón del equipo emiliodevillota.com. Gracias a Emilio, una exigente prueba se transformó en un ejercicio de aprendizaje, y aunque me garantizó que no recurriría a la telemetría para no sacarme los colores, si que me avisó que no dejaría el cronómetro mientras estuviera en pista. La prueba consistía en dar dos vueltas calentando ruedas y frenos para luego ir incrementando el ritmo progresivamente acercándome a mi límite, o a los límites que yo consideraba que tenía el monoplaza para ver la evolución. Al final fueron más de una docena de vueltas las que me sirvieron para firmar un mísero 1.42.005. La evolución como tal fue favorable, pero desde luego estaba muy lejos del 1.28.890 que firma Dani Campos con el mismo monoplaza. En mi defensa debo decir que Campos, además de pesar cincuenta kilos menos, hizo ese tiempazo en condiciones óptimas, con frío en la pista, neumáticos nuevos y poca gasolina. Ni siquiera le bajaron el tiempo los pilotos que corren en la F3 española, porque el mejor tiempo fue para Natacha Gachnang en 1.29.324. Además, tampoco pensaba bajarle el tiempo a nadie. De hecho me sorprendió lo fácil y cómodo que me resultó su pilotaje. O mejor dicho, el pilotaje de los dos monoplazas, porque en esta ocasión pude alternar en pista un Dallara F306 y un F308.
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