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El movimiento de los chalecos amarillos, que surgió en Francia en octubre de 2018, han destruido más de la mitad de los radares viarios de la red francesa de carreteras, en concreto, el 60%. Así lo ha asegurado el ministro de Interior galo, Christophe Castaner, quien ha calificado de “locos", “inconscientes" e “incoherentes" a los responsables de estos daños causados.
“He visto en las redes sociales a algunos imbéciles exhibirse al lado de radares quemados. No deseo que tengan que enfrentarse un día con la realidad de una muerte en la carretera", señaló Castaner, “no hay una política de números, hay una política de vida".
La reducción del límite de velocidad provoca la ira de los franceses
Los radares han sido el blanco de la ira de muchos conductores en Francia, donde en la actualidad existen 3.200 radares fijos, de los cuales 2.500 son de control de velocidad, desde que el pasado 1 de julio entró en vigor una modificación del límite de velocidad en las carreteras secundarias, que se redujo de 90 a 80 kilómetros por hora. La medida se aplica a aquellas vías de dos carriles sin mediana central.
Por dañar un radar, las sanciones pueden alcanzar hasta los 30.000 euros y dos años de cárcel, mientras que la destrucción puede llegar a los 75.000 euros y cinco años de prisión.
Hasta ahora, las autoridades francesas se negaban a dar una cifra precisa sobre las degradaciones y a hacer un vínculo directo con el movimiento de protesta de los chalecos amarillos.