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La historia del Volkswagen Beetle está estrechamente ligada a la de la factoría de Wolfsburg. Esta planta estuvo destinada durante la II Guerra Mundial a la fabricación de maquinaria militar. El 11 de abril de 1945 fue ocupada por las tropas estadounidenses, y en junio de ese mismo año la dirección de la fábrica cayó en manos del Gobierno Militar Británico.
A los pocos meses, el centro volvió a la producción de vehículos destinados al transporte militar y a la realización de servicios médicos en áreas rurales. No obstante, no fue hasta 1948 cuando la planta empezó a funcionar a pleno rendimiento.
El ‘escarabajo’, señala la compañía, se convirtió en un ‘factor clave’ en el desarrollo de la democracia y de la movilidad de la época de posguerra, tanto en la derrotada Alemania como en el resto de Europa.
‘Con más de 21 millones de vehículos fabricados, el Beetle se ha convertido en un icono automovilístico, amado por muchos millones de personas. Su forma característica es reconocida en cualquier parte’, añadía Volkswagen en un comunicado.
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