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El nuevo SUV de Alfa Romeo, el Stelvio, toma el nombre de un puerto de montaña mítico en los Alpes. Como antes lo hiciera un modelo de Moto Guzzi, una maxitrail. Aún a fecha de hoy, el Passo dello Stelvio, un puerto construido por Austria entre 1820 y 1825 para unir su provincia de Lombardía con el resto de su imperio, sigue siendo, con sus 2.750 m, el segundo de los pasos asfaltados más alto de los Alpes —sólo superado por el Col de lÍseran, 2.770 m— y el que más de la zona oriental de esa cordillera.
Por su altura, en las postrimerías de un murallón de picos que, con sus más de 3.000 m permanecen nevados durante todo el año, no todo el año es transitable. De hecho, para asegurarse el acceso, conviene plantearse la ruta que llega hasta él sólo entre mayo y octubre, pues durante buena parte del otoño y primavera, además del invierno, es posible que la nieve impida el paso y fuerce al cierre de la carretera. Tal es así que, cuando en febrero acudimos a la presentación internacional del Alfa Romeo Stelvio que tenía como centro de operaciones la suiza St. Moritz, fue imposible transitarlo y, a finales de julio, cuando volvimos a probar las versiones del este SUV deportivo italiano con los motores de menor potencia, en el Paso dello Stelvio nevaba tímidamente y la temperatura era positiva por poco.
La subida al puerto arranca, en la zona sudoeste, desde la localidad de Bormio, a 1.225 m sobre el nivel del mar y encuentra sus primeras curvas, ya horquillas de casi 180º, aún en zona urbana. Cada una de ellas está numerada, hasta alcanzar el 40. Y ya, en esos primeros compases, es posible apreciar una notable pendiente, especialmente una vez que se supera el cruce hacia Livigno, cuya media será de un 7,1 por ciento. Por delante restan 21,5 km, todos ellos a través del Parque Nacional dello Stelvio.
Passo dello Stelvio, ascenso tramo a tramo
Para quien se encamina hacia el puerto por la carretera SS38, el primer sector que arranca en Bormio, ofrece inicialmente una sucesión de esas seis paellas con escasa distancia entre ellas. Un aperitivo al que, más adelante, siguen cerca de una decena más antes de dar paso, tras dejar atrás también varios túneles y galerías abiertas, a una rapidísima zona intermedia que nos aproximará al pie del puerto.
Ese primer tramo es exigente para la tracción, aún con el suelo seco, y permite explorar el comportamiento del eje delantero, así como la respuesta del motor; mientras que el intermedio que discurre por el valle, junto a la primera Casa Cantoniera —el equivalente a una casilla de peones camineros—, con menor inclinación que el tramo recorrido y el que queda por recorrer, es engañoso porque resulta más exigente de lo que parece si se pretende hacer una conducción rápida: aparecen entonces, en los cambios de dirección menos acusados, pues las curvas dejan por un momento de ser «tornanti», pero se alcanza entonces la máxima velocidad durante el recorrido y los balanceos y oscilaciones son más acusados. Entre los prados, arroyos y, si lo recorremos sin prisa, es posible observar las evoluciones de las marmotas.
Llegamos así a un tercer tramo que arranca con una pendiente máxima del 13 por ciento. Quedan unos doce kilómetros por delante de la zona más espectacular y fotografiada que se desarrolla sobre un paisaje casi desértico, dominado por los pedregales, y con curvas que se acumulan como si de un muelle se tratase. Cada giro, todos ellos con un notable peralte que ayuda, exige el esfuerzo de medir bien la velocidad a la entrada y situarse en ella en el lugar preciso para realizar la trazada más adecuada. Hay visibilidad suficiente para anticipar la presencia de otros vehículos. El sentido común y la cortesía obligan a que quien baja atienda en mayor medida al giro del que sube, aunque la anchura es suficiente como para que dos vehículos pasen sin molestarse.
Passo dello Stelvio, bajada hasta Trafoi
En apenas los dos kilómetros iniciales de bajada desde el Passo dello Stelvio se acumulan 10 «tornanti», ya con una calzada aún más estrecha que por la que se sube desde Bormio y con gran pendiente a favor: hasta el 12 por ciento puntual en algún tramo.
En una carretera sometida a condiciones invernales extremas son necesarias tareas de mantenimiento mayores que en otras vías y, además, aquí se acumulan en apenas los cinco o seis meses al año que está transitable, de modo que resulta frecuente encontrar en este tramo obras continuas que estrechan la calzada, más allá de que en cada curva es frecuente que sea necesario ocupar buena parte de la vía para girar, especialmente en la zona intermedia.
El albergue Frazenshöle marca, aproximadamente, el ecuador del descenso que, a partir de aquí, vuelve a presentar una fisonomía no muy diferente de la inicial, al pie del Passo dello Stelvio, ya dentro en una zona boscosa que, cuando se abre, permite ver en la lejanía el pueblecito de Trafoi (1.570 m de altitud) donde se sitúa, junto al centro de visitantes del Parque, el hotel Bella Vista. Tres kilómetros más abajo, y unas pocas «tornanti» más nos llevarán hasta la aldea de Gomagoi, cerca de la que encontramos la última (o la primera, si estamos subiendo) curva de esta vertiente. Unos cinco kilómetros ya de muy suave desnivel, nos dejarán en las postrimerías de Pratto allo Stelvio tras haber recorrido 38 km, afrontado 88 curvas y una pendiente media por encima del 7 por ciento, con un 12 por ciento de máxima.
Si te gusta conducir, ¿a qué esperas para afrontar el reto del mítico Stelvio, una de las carreteras más bellas del mundo para disfrutar de tu coche? Este verano te ofrece una oportunidad única…
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