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Este segundo “verano pandémico” en España se está caracterizando por el incremento de los desplazamientos por el territorio español, la gran mayoría de ellos en vehículo. Esto se traduce, en consecuencia, un mayor consumo de combustible cuando dichos desplazamientos son por carretera. Motivo por el cual crece la indignación cuando vemos que los precios de los carburantes no dejan de subir, a lo que hay que aderezarle también los precios máximos históricos de la luz.
Si bien en España aún estamos lejos del récord de precios medios de los combustibles de septiembre del 2012 (1,522 euros el litro de gasolina y 1,455 euros el del diésel), podemos hablar de una tendencia alcista que viene desde noviembre. Pongámonos en situación: en España, y según los datos del Boletín Petrolero de la Unión Europa, el precio medio del litro de gasolina es de 1,419 euros, por los 1,270 euros del diésel.
Esto se traduce, respecto al mismo período del 2020, en un aumento del 23 y del 20 por ciento, respectivamente. Llenar un depósito medio de un vehículo actual puede costar tranquilamente entre 10 y 15 euros más, en función del carburante y el tamaño de este, que hace un año.
Es cierto: si recuerdas, en los meses de confinamiento, el precio de los carburantes cayó en picado. Pero, ¿y si te decimos que, aun así, los precios de este 2021 están siendo más caros que antes de la llegada del coronavirus? Si miramos al momento justo antes de la pandemia, el precio medio de la gasolina y el diésel es un 7 y un 4 por ciento más caro, respectivamente.
Los precios actuales son máximos anuales a cada semana que pasa –respecto al inicio del verano, los precios son un 3 por ciento más caros– y, en el caso de la gasolina, precios que no veíamos desde el año 2014; para el diésel, es el máximo desde el pasado 2018.