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En España, según datos de la Asociación Empresarial del Seguro (Unespa), se robaron durante el último ejercicio contabilizado nada menos que 135.000 coches. Es decir, esta cifra indica que se sustrae un vehículo en nuestras calles cada 4 minutos. Con estos datos, podemos imaginarnos que las artimañas son numerosas, con los inhibidores de frecuencia en los últimos tiempos como elemento estrella de los ladrones.
Sin embargo, hay veces que el hurto se puede producir de manera mucho más sencilla. Basta una lata, de cualquier refresco, un conductor algo despistado y un coche aparcado por un rato. Un vídeo viral que circula estos días por la red social Instagram, y que en realidad es bastante antiguo, nos lo vuelve a demostrar.
En solo un minuto, un ladrón es capaz de localizar un coche estacionado y atarle una lata al paragolpes. Posteriormente, cuando el propietario se dispone a arrancar de nuevo, el extraño ruido provoca que se tenga que detener para comprobar qué está sucediendo, por si le han dado un golpe o tiene algún tipo de avería o desprendimiento.
Es entonces cuando al bajarse del vehículo, dejándolo por lo general arrancado y con las llaves de contacto puestas, el ladrón (o uno de sus cómplices) aparece en cuestión de segundos, se sube al vehículo y se lo lleva. Visto y no visto.
Si crees que estos vídeos son un montaje (puede que sí, a modo de advertencia, porque sospechosamente siempre el vehículo y los protagonistas están perfectamente encuadrados en la imagen), debes saber también que en España ya se ha dado aviso en numerosas ocasiones de situaciones como ésta. Los agentes de la Udyco (la unidad de Drogas y Crimen Organizado del Cuerpo Nacional de Policía) ya desarticular incluso hace unos años una banda dedicada a ello y que operaba por Getafe y alrededores de Madrid.