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No sólo de bajos consumos viven los híbridos. A veces, la suavidad de marcha, el lujo tecnológico, e incluso el mero hecho de poder entrar en el garaje sin ruido ni humos, son motivos suficientes para convencer a más de uno. En este caso enfrentamos a un especialista en viajes de largo recorrido, como es este Mercedes Clase E con mecánica Diesel, contra un refinado Audi A6 de gasolina. Los dos comparten esquema híbrido, ya que integran el motor eléctrico dentro del propio cambio automático, justo en el hueco donde iría el convertidor de par, así como un embrague para poder parar y desacoplar el motor de combustión en determinadas circunstancias. A pesar de compartir las citadas cualidades, no podían ser más distintos.
En materia de funcionamiento los dos tienen sus peculiaridades, y no sólo porque uno sea Diesel y el otro gasolina. La razón principal es el tamaño de las baterías de alta tensión. La del Mercedes es mínima y va alojada en el vano motor —ocupa poco más que una batería convencional—, mientras que la del Audi se encuentra en el maletero robándole 105 litros, según nuestras mediciones. Esta es una de las razones por las que el Audi A6 tiene mayor autonomía eléctrica, además cuenta con un botón EV para forzar la circulación en dicho modo (1 ó 2 km, en función del uso), mientras que el Mercedes no, aunque también puede hacerlo si somos capaces de dosificar los primeros milímetros de recorrido del acelerador, pero en mucha menor medida.
Arranque silencioso
El tacto de freno sigue siendo el punto más delicado de los híbridos, ya que en ocasiones el paso de la débil frenada regenerativa a la más contundente frenada normal se deja notar demasiado. Por otra parte, cuando queremos detenernos por completo, la fase final siempre es con los discos de freno, y esto, junto con un ligero empuje del motor eléctrico que surge a poca velocidad, obliga a recalcular la presión sobre el pedal, algo que se hace más patente en el Mercedes E 300 BlueTec Hybrid y le hace más aparatoso en recorridos urbanos y a la hora de aparcar.
Híbridos viajeros
A la hora de afrontar carreteras reviradas el confort sigue siendo una prioridad, pero sin dejar de lado un comportamiento ejemplar. El Mercedes se siente algo más pesado y tarda más en apoyar, pero resulta equilibrado y muy neutro, con una dirección agradable y un tren trasero que llega a insinuarse para responder a movimientos bruscos del volante o redondear curvas que se cierran inesperadamente, siempre con mucha progresividad y sin sobresaltos. El Audi, por su parte, es algo más dinámico e inmediato de reacciones, y resulta más preciso al límite. Su carrocería balancea un poco menos en los giros y la trasera brinda una controlada agilidad en caso necesario. Frente a la clásica propulsión del Mercedes, que digiere sin mayor problema la potencia, el "autoblocante" electrónico del Audi evita que se abra la trayectoria al acelerar en plena curva, haciendo que su conducción resulte fácil incluso cuando exigimos al bastidor toda su eficacia, que sigue siendo mucha a pesar del aumento de peso.
En definitiva, la hibridación del Mercedes es más limitada y acabas por acostumbrarte o cansarte de ella antes que en el Audi, que ofrece más posibilidades para involucrarse en la conducción. Más que una cuestión de eficiencia, es una cuestión de agrado de uso y, sobre todo, poder circular en modo eléctrico con cierta solvencia.