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Atrás quedaron los neumáticos mixtos y la nueva Café calza gomas de asfalto y llantas de aleación, además, la rueda delantera se ha rebajado una pulgada y comparte tamaño con la posterior. La suspensión delantera en esta ocasión se confía a una horquilla invertida de 41 mm firmada por Paioli y un gran disco delantero de 300 mm (20 mm más que la versión estándar) que detiene sin vacilaciones a la Mulhacén.
En marcha las sensaciones son prácticamente inalcanzables para otra moto de 125 cc y 4T, y eso que ya conocíamos las bondades de este motor, pero no deja de sorprendernos las prestaciones que se consiguen. Si sales a divertirte por un terreno de curvas (muy recomendable con esta Mulhacén porque siempre irás a velocidades legales), tienes que llevar la moto muy alta de vueltas, que es donde mejor se exprime al pequeño monocilíndrico. En la ciudad esto se traduce en agilidad y maniobrabilidad, gracias a sus reducidas dimensiones.
La ergonomía del piloto está muy lograda con una perfecta combinación entre cuerpo erguido y piernas flexionadas. Además, el manillar de la nueva Mulhacén Café se ha ensanchado dos centímetros por cada lado y te permite una conducción con los brazos más abiertos. El pasajero no vive tan a gusto ya que el espacio para él es bastante estrecho, pero se hace más amable gracias a las asas y los estribos recubiertos de goma.