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A, de adicción, o de acústica, como lo quieras ver. Para mí es lo mismo en este caso. Antes de que veas al F-Type pasar a tu lado, habrás levantado la cabeza en su búsqueda: su rugido anuncia la llegada. Si lo vivías intensamente en el Roadster, en el Coupé no vas a perder un ápice de esa emoción que siempre aporta en la conducción una línea de escape como el que tiene este coche. Túneles, calles estrechas... Cambiarás tu recorrido en su búsqueda, para sentir cómo suena la doble "sección de viento" que recorre toda la parte inferior de este Jaguar. Espectacular, sigo sin encontrar algo con cuatro ruedas que suene mejor, pero un F-Type es mucho más que el rugido de un felino.
Hecho a la inversa, primero fue el cabrio y luego ha llegado el coupé, el chasis de éste proporciona una rigidez tal que la marca se permite el lujo de, en el motor más potente, el V8 Compresor, aumentar su potencia respecto al Roadster en 55 CV y llegar hasta una potnecia total de 550. Palabras mayores, mucha electrónica y seguridad, pero un coche ya para manos expertas. C, compromisos, pero también de capricho. Piel y corazón de aluminio, la versión que hoy probamos, 3.0 V6, tiene un motor con compresor volumétrico, como todos los motores de la gama, y rinde la nada despreciable cifra de 380 CV. Creo que es la versión más equilibrada de la gama. La potencia no es que fluya a raudales y el conjunto, además, no es tan ligero como cabría esperar de su nobleza de materiales –es apenas 6 kilos más ligero que el Roadster–, pero entre la elasticidad del motor, su capacidad para girar alto de vueltas y el excelente funcionamiento del cambio cuando lo necesitas, acabas sintiendo al F-Type suficientemente veloz. Tal vez de inicio no tenga esa pegada que esperas de un coupé así y buscas aceleración hundiendo demasiado el pie en el acelerador, pero esto es lo que hace que esta versión sea muy agradable en conducción urbana, de la que tampoco se libran coupés de altos vueltos. Ahí, el Stop&Start deja que tus oídos se relajen durante segundos, el cambio engrana directamente la segunda para arrancar con suavidad, y la suspensión y dirección son un verdadero regalo, ofreciendo una comodidad de uso sin parangón en coches así.
Y F. Suma diseño y calidades, poder de representación, equipamientos, opciones o servicios de la marca y encuentras entonces justificación a su denominación. La F viene... de fascinante.
ACELERACIÓN: Aunque el motor es contundente, tienes la sensación de coche algo pesado: un S3, con "sólo" 300 CV, llegua, en la aceleración larga, alguna décima antes que él.
CAMBIO Magnifi co convertidor suministrado por ZF con 8 rápidas relaciones de suavísima inserción. El modo Dynamic manual, mantiene la marcha hasta el corte.
FRENADA Nuestra unidad tiene gran mordiente inicial y excelente tacto de pedal, pero alarga incomprensiblemente las frenadas, algunas por encima de los 78 m.
CONSUMOS Su larga 8ª desahoga cruceros y el Stop&Start funciona de cine, pero son muchos caballos y kilos en movimiento. Con mino, logras moverte con menos de 10 l/100 km.
ADELANTAMIENTO De nuevo, el cambio protagonista, y como siempre, para bien. Las reducciones a mano son espectaculares y las que gestiona el cambio automáticamente son, sencillamente, rapidísimas.
HABITÁCULO Y PESO: Dos plazas, con suficiente anchura y regulación longitudinal, no le puedes pedir más. Hecho sobre el roadster, el techo aporta una rigidez de roca, pero los kilos siguen siendo el hándicap: sólo pesa 6 kilos menos que la versión sin techo.
POTENCIA Y PAR No podemos ofrecer nuestra habitual curva, pero al motor no le deben faltar caballos. Bastante bien "lleno" desde abajo por efecto del compresor, su punto fuerte, cómo no, es desde 4.000 rpm hacia arriba.
SONORIDAD El ruido del motor es elevado, pero sencillamente espectacular, foco de atención, pero también fuente de estímulos. No recuerdo otra línea de escape con un sonido tan bonito.