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Hace tiempo que en Jaguar dejó de oler a cerrado. Desde que en 2008 pasó a formar parte del grupo multimillonario indio Tata, los británicos han abierto las puertas de Castle Bromwich de par en par. De su fábrica salió primero la berlina XF, luego la flamante limusina XJ y, desde este mismo mes, uno de los deportivos más esperados del año, el atractivo F-Type. Así que, de momento, sólo faltaba en la gama de Jaguar un buen familiar para engancharse, definitivamente en Europa, al vagón de las grandes marcas de lujo alemanas. Hoy, esa vía llega de la mano de un llamativo XF Sportbrake que, sin marcar el estreno de Jaguar en la categoría (acuérdate hace un lustro del elegante X-Type Wagon), sí entra ahora con argumentos mucho más sólidos.
Aroma original Jaguar que, hacia atrás, sí se completa ahora con más funcionalidad. Con la prolongación del voladizo trasero, el Jaguar XF Sportbrake acaba con el gran defecto del XF: su poca altura trasera. Suma así nada menos que 9 centímetros extra, proponiendo ya sí unas plazas verdaderamente habitables, mientras que, en el maletero, el nuevo gran portón, además de facilitar tareas de carga y descarga, es ahora eléctrico y con apertura regulable en altura. Su capacidad, medida por seguridad hasta la bandeja como en todo familiar, no deslumbra, pero con la ventaja de poder siempre ampliar su altura hasta el techo en caso de necesidad y de abatir respaldos traseros para, ahora sí, alcanzar más de 1.600 litros útiles. Esquíes, bicicletas o palos de golf no se resistirán.
Del mismo modo que la respuesta del motor 1.0 Ecoboost de sólo 3 cilindros de Ford ha conseguido que su futuro rendimiento sobre el próximo Mondeo no me plantee de momento dudas, nunca pensé que en un lujoso familiar con la capacidad de este Jaguar XF Sportbrake pudiera decantarme por un Diesel de sólo 4 cilindros frente al siempre exclusivo V6. Pero, con ambas alternativas en gama, Jaguar también me demuestra que menos hoy puede ser más… Y sin necesidad siquiera de tirar de doble turbo.
Recurriendo así a una evolución del veterano motor 2.2 de origen Peugeot, sus 200 CV de potencia no sólo se muestran suficientes, sino incluso hasta convincentes en su refinamiento. Suena bien ya desde la arrancada (hoy de tono más grave) y, sin llegar a ser tan fino subiendo de vueltas como el 3.0D V6, estira con solvencia sin dejarme sentir falta de motor ni en comprometidos adelantamientos. Incluso en carretera comprobamos cómo suena prácticamente igual, es decir, muy poco, y encima con un gasto muy contenido: menos de 7 l/100 km, como el siempre alabado 520d de BMW con 184 CV. Eso sí, en esta relación rendimiento/refinamiento mucho tiene que ver el avanzado cambio automático ZF de 8 marchas que también monta el BMW. He probado en Audi A6 y BMW Serie 5 otros 4 cilindros «manuales» y siempre me parecieron mucho más toscos.
¡Qué cambio!
Motor, así, hay para aprovechar la capacidad de un Jaguar XF Sportbrake que, también, crece en carretera. Sí, es un peso pesado (casi 200 kg más que Audi A6 Avant o 100 más que el Jaguar XF de origen), pero su óptimo y mejorado reparto de pesos (con mayor volumen trasero el Sportbrake marca unos deportivos 50/50% entre ejes), unida a la efectiva nueva suspensión trasera neumática autonivelante (mantiene altura y geometría sin importar la carga) conducen a un comportamiento dinámico que me parece incluso mejorado hoy ante la berlina.
Cierto que, frente a sus exclusivos rivales alemanes, en el Jaguar XF Sportbrake se aprecia en carretera un familiar menos filtrado, con una pisada más marcada síntoma quizás de menor calidad de amortiguación. Sin embargo, sin descomponer nunca su buen equilibrio entre suavidad e información de reacciones, es en todo momento estable y rápido. Claramente subvirador al límite, no es un BMW, pero sí un familiar siempre asentado y que se recupera muy bien incluso de los fuertes apoyos y cambios de dirección. Este Jaguar XF Sportbrake 2.2D sólo alarga mucho las frenadas… pero en su descarga tenemos que matizar que nuestra unidad calzaba neumáticos de invierno.
Hora ya de volver al inicio: ¿se puede pedir algo más a este Jaguar XF familiar? Pues, sí, una cuenta corriente saneada, ya que este muy equipado Sportbrake cuesta hasta 6.000 € más que rivales 6 cilindros, como el BMW 530d Touring Steptronic (218 CV) o incluso un Audi A6 Avant 3.0 TDI S Tronic con tracción quattro; y, ya por pedir, que se combine también con la tracción total, hoy sólo en los Jaguar XF V6 Supercharged; para que ese viaje al infinito no se detenga ante nada.