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Desde hace cinco años, el Subaru Impreza no se vende en España. Ahora, el importador de Subaru retoma la comercialización de este compacto y lo hace a caballo de su recién estrenada quinta generación.
Se relanza así el Subaru Impreza y lo hace con un único motor bóxer, de cuatro cilindros horizontales opuestos dos a dos, por supuesto; de gasolina, con 1,6 litros y 114 CV. Se podrá elegir entre dos niveles de acabado, Sport (S) y Executive (E) y, en ambos casos, siempre con la tracción total Symmetrical AWD, de reparto variable y universal en todos los Subaru —con la excepción del BRZ, el “Toyobaru, de propulsión”—. Asimismo, la única caja de cambios será una automática de variador continuo (CVT), la Lineartronic, a decir de Subaru, imprescindible para sacar todo el provecho posible al Eyesight.
Además se complementa con el asistente de luces que activa cortas o largas —el High Beam Assist— en función del tráfico de la vía.
Subaru Impreza 2018: el primero con plataforma SGP
El Subaru Impreza 2018 ha sido el primer coche de la marca en estrenar la plataforma global SGP, si bien el primero en comercializarse con ella en el mercado español fue el Subaru XV. Como el SUV, el Subaru Impreza mide 4,46 m de largo, longitud de carrocería que le convierte en uno de los compactos más grandes del mercado: el Honda Civic mide 4,51 m.; Nissan Leaf, 4,49 m y Mazda3 o Hyundai Ioniq, 4,47 m.
Subaru Impreza 2018: comportamiento
Otro de los nuevos elementos de la plataforma del Subaru Impreza 2018 es la dirección. Se ha hecho más rápida, reduciendo su desmultiplicación, aunque percibimos un punto central no muy definido. En cuanto a los frenos, la bomba del Impreza es la misma que la del Subaru BRZ, en tanto que se emplean discos de freno ventilados en ambos ejes. Una innovación de la SGP está en las suspensiones, que cuentan con geometrías de suspensión de tipo McPherson, para el eje delantero; y paralelogramo deformable para el posterior, con un ajuste confortable de sus elementos elásticos. En el eje trasero, la estabilizadora se ancla directamente el chasis para reducir el balanceo de la carrocería. En todo caso, la sensación de conducción del Subaru Impreza es de un movimiento de la carrocería controlado en los apoyos más fuertes, como los que tuvimos la posibilidad de observar en la pequeño circuito de handling de Ilunion en Brunete (Madrid), donde se realizó una parte de nuestra primera prueba.
Así, la principal aportación de este cambio, sobre todo si se conduce muy suavemente, es precisamente su linealidad. Cuenta, con el desplazamiento lateral de la palanca, con un modo Low con el que se consigue una mayor retención del motor, por ejemplo, para apoyar una frenada.
Subaru Impreza 2018: interior
Uno de los aspectos que más ha ganado esta generación del Subaru respecto a las anteriores —la cuarta, vendida entre 2011 y 2016, no fue comercializada en España— es en calidad percibida. Hay mayor atención al detalle, con acabados y texturas más agradables y, por supuesto, atención a la conectividad. En este sentido, la pantalla central táctil puede ser de 6,5 u 8”, según se trate del acabado Sport o Executive, recoge las funciones de información y entretenimiento. Entre ellas no está la navegación que, como ocurría en el XV, no tiene un módulo propio. Al menos, a través de la conexión con Android Auto y Apple Car Play es posible disponer de los datos de guía que proporciona el smartphone en la pantalla, si bien eso supondrá un consumo de datos extra.
El precio del Subaru Impreza será muy competitivo si nos atenemos, sobre todo, a su configuración mecánica y equipamiento si nos atenemos a que la versión Sport con este 1.6 costará 20.400 euros —descontados ya los 1.400 euros de oferta de Subaru— y 23.200 euros en el caso del Executive —1.700 euros de promoción—. En ambos, la única opción al equipamiento de serie será la pintura metalizada, que costará 550 euros.
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